Aquel paño celeste y blanco…
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Jueves, 21 Junio 2012 08:30

Aquel paño celeste y blanco…

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Síntesis de la nacionalidad

Si bien, el uso de las comparaciones deber ser cuidadoso, más en temas de fuerte contenido histórico. Es muy tentador hacer uso de las mismas, un día tan limpio como el de hoy, y porque no pensar que así o muy parecido fue, el día en que Manuel Belgrano pensó los colores de la bandera.

Analizado con una mirada presente, sería digno ganador de un premio a la inventiva de alto impacto social. Y pongo a discusión, acaso a Belgrano no le cabe este concepto "para construir futuro es imprescindible ser enormemente creativo en el presente, y ser capaz de ver aquellas cosas que nadie más ve". Seguramente la respuesta de muchos sería, sí. Este digno hijo de la patria, conformaba un núcleo reducido de revolucionarios típicos del siglo XVIII, que cruzaron el océano de regreso a su tierra con las alforjas cargadas de libros que contenían las ideas más innovadoras. Esos libros atesoraban el germen del progreso, de la libertad, de la independencia, de una nueva realidad. Ni que hablar de la capacidad de ver más allá. Si nos vamos en el tiempo y nos situamos en la inmensidad territorial del virreinato y volvemos al globalizado 2012, comprenderemos la magnitud de la obra de aquellos hombres y mujeres. Casi de la nada sentaron las bases de todo.

Si en tiempos de la revolución y de las guerras por la independencia, contexto en el cual cobra vida la idea de una bandera que nos identifique, todo el proceso previo, es decir los pasos que se fueron cumpliendo desde que la chispa de la inventiva se prendió, quizás en aquellas largas noches en donde se pensaba la estrategia para enfrentar a los realistas, hasta aquel 27 de febrero cuando se decidió, hacerla flamear ante la Batería Independencia; sin dudas estos patriotas se hubieran hecho acreedores de una certificación normada como las empresas de avanzada. Si no, reflexionemos sobre estas líneas "las organizaciones innovadoras se construyen con ilusión colectiva, liderazgo inspirador, creatividad desbordante e ingenio sistemático para la innovación". A esta altura del relato, es doblemente tentador el impulso por comparar y por hacer volar la imaginación al extremo para irnos en el tiempo y decirle a Manuel Belgrano en persona ¡Gracias! Y felicitarlo porque le son propios cada uno de estos calificativos y hasta quizás, no alcancen, para cuantificar su obra.

"El Bicentenario es la suma de encuentros y desencuentros, de grandes logros comunitarios e individuales. El Bicentenario es Moreno, Belgrano, San Martín, Rosas, Urquiza, Sarmiento, Eva, Perón, Illia, Alfonsín, Menen, De la Rua, Duhalde y Kirchner. Pero también Uriburu, Aramburu, Lonardi, Videla y Massera. Así de contrastante, intensa y apasionada es nuestra historia de estos 200 años. El Bicentenario somos nosotros, son las historias de este pueblo de frontera, que ha dejado huellas en la historia grande y que no es el resumen de una vertiente del Rosismo. Somos la suma de esfuerzos, desde aquellas primeras familias protegidas solo por la esperanza y la cruz, que se adentraban en ese mundo desconocido: la pampa, hasta cada uno de nosotros. Es Rosas y Videla Dorna, Ferreyra, Petracchi, Laura Giagnacovo y Raúl Iribarne, los vecinalistas y los peronistas.

Somos una síntesis, heterogéneos, pasionales, críticos, apáticos. Somos argentinos, Somos Montenses y con esta rica herencia debemos emprender esta nueva etapa del camino"

Así describía hace dos años en ocasión de festejar los doscientos años de la formación de la Primera Junta de Gobierno, al Bicentenario. Hoy este 20 de Junio es quizás el segundo gran festejo, que a mi entender debería haber tenido la misma y porque no una mayor fastuosidad que aquel otro Bicentenario. Estamos transitando el Año del Bicentenario de la Creación de Bandera Nacional, quizás el símbolo por excelencia de todos los argentinos. Y al pensar en cómo describirlo, me viene una y otra vez la imagen de nuestra bandera flameando por el suave impulso del viento frió de los últimos días del otoño. Y uno no puede dejar de pensar y reflexionar sobre todo lo que contiene ese lento flamear.

Ese paño celeste y blanco impulsa más de doscientos años de historia, de encuentros y desencuentros. Su trama esta tejida con finos hilos que no son otra cosa que nuestros sueños y anhelos. El resultado de nuestros esfuerzos cotidianos, de nuestras luchas internas y de las externas. Al flamear abierta la bandera nos impulsa, nos indica, nos marca que hay que seguir y al quebrarse, sus pliegues cobijan los sueños rotos, lo que es muy querido y no está y transforma todos esos sentimientos en energía, para volver a abrirse e impulsarnos nuevamente. Va la vida en la bandera, ese paño celeste y blanco es protección, seguridad. Nos hermana, nos identifica, nos hace pensar.

La Bandera argentina es todo eso, brújula, norte, estrella guiadora, amparo, fuerza, promisión, ejemplo. No en vano la bandera de la patria fue amasada con pasta de los cielos...

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Prof. Alejandro Cortés

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