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Martes, 02 Octubre 2012 11:19

Huecos con historia

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Calle Alem Calle Alem

Se denominó "Hueco de las ánimas" al lugar próximo a la Catedral y adyacente a su camposanto. Como era un lugar deshabitado dio origen a una leyenda que afirmaba que por allí vagaban almas en pena. En otra de las parcelas funcionó el Gran Hotel Argentino, donde José Hernández terminó de redactar su "Martín Fierro". El 27 de abril de 1857, con la puesta de "La Traviata", se inaugura el primer Teatro Colón, frente a la Plaza de Mayo, en la esquina sudoeste de la manzana comprendida entre Rivadavia, Reconquista, Bartolomé Mitre y 25 de Mayo.

Los planos fueron confeccionados por el ingeniero Carlos E. Pellegrini (padre del presidente). Su capacidad estaba calculada para 2.500 personas. Cerró en 1888. Las distintas parcelas tuvieron, así, distintos propietarios hasta que ese solar se utilizó para construir, entre 1940 y 1955, la sede del actual Banco Nación.
Quizás es este el hueco más famoso entre otros tantos. Y retrotraernos a esta parte de la historia fue un viaje motivado por el silencioso y persistente avance del progreso a costa del rico patrimonio histórico de nuestra localidad. No se ha enfriado todavía la edición anterior cuando hacíamos referencia a la lenta agonía de nuestro patrimonio, que una complicación más, está poniendo, al borde del abismo al golpeado tesoro comunal y de lo poco que va quedando del patrimonio tangible. Casi imperceptiblemente el intenso movimiento de la vereda de la calle Yrigoyen se vio obstaculizado por una "empalizada" moderna de chapas. La primera mirada diría que es una obra más entre tantas que alteran con sus escombros a los caminantes del pueblo. Pero en una segunda oportunidad y si tomamos distancia vemos como una fachada, de las pocas tradicionales y características del entorno municipal, ha desaparecido. Excedente de un estilo arquitectónico que lentamente fue invadido por la pica modernizadora. Detrás de la fría barrera de metal, la bruma de la demolición de una construcción cercana a los años '30 y que desde 1946 aproximadamente había pasado a manos de una tradicional familia Montense. Pero no es solo un amasijo de maderas, ladrillos, hierros lo que lamentamos. Cada ladrillo pulverizado encierra un riquísimo capital simbólico que perdió su sustentabilidad por lo tanto es materia lábil e indefensa ante cualquier agente externo. Es decir se pierde rápidamente y es casi irrecuperable.
En este caso como en lo concerniente a las alteraciones al Palacio Municipal y otros tantos casos dispersos por toda el área urbana, el patrimonio es víctima de un silencio cómplice entre diversos actores sociales, políticos y culturales, que deberían estar a la altura de las circunstancias. Pero ni ellos ni la legislación vigente son capaces de frenar semejante sangría. El patrimonio no vota, es viejo si los comparamos con los dulces "16" tan de moda en tiempos de campaña preelectoral y en algunos casos su dueños, son hoy jubilados que deben estar marchando para que se escuchen sus reclamos en vez de poder disfrutar de sus logros después de años de trabajo.
Diría penosamente desencantado, que todo el alrededor, atenta contra el patrimonio histórico y cultural.
Una legislación generalista cargada de evocaciones y de principios y pocas afirmaciones específicas, una Dirección de Obras Públicas que evidentemente no puede regular en este tipo de temáticas. La cultura que no se sabe cuál es el rumbo que sigue y un adormecido Concejo Deliberante. Suman a esta explosiva química que corroe y desgasta a pasos agigantados la rica herencia adquirida en casi 233 años de historia.
Lo de China al igual que el Viejo Patio Familiar de los Villar, los terrenos históricos, hoy El Mirador, sobre los que surgió nuestro pueblo allá por 1779, lo de "Amalia" y la Casa Márquez o el Viejo Hotel El Jardín son solo algunos referentes. Ya no están y con ellos también se han ido, leyendas, historias, mitos, que hablan de la ciudad en otros tiempos. Y se podrían aceptar muchas posturas, pero teniendo a nuestro alcance tantas maneras de conservarlo y guardarlo y poder ofrecerlo por mecanismos ágiles a todos los ciudadanos para saber cómo fue nuestra ciudad en otros tiempos, es inaceptable que estemos silenciosamente observando su desaparición.
Pero atesoro, al igual que en el artículo anterior, la esperanza de que la conversación en la Intendencia de sus frutos y la decisión política de trabajar en pos del patrimonio se tome de una vez. Pero también hago espacio para una nueva esperanza y está apoyada en una masiva concientización sobre la importancia de este tema. Acá cumplen un rol central las organizaciones sociales en general, pero fundamentalmente las escuelas, es en las aulas donde estamos formando a los futuros ciudadanos de este pueblo y ellos deberían llevar en su genética cultural el interés por lo patrimonial.
Acaso en el mes en que evocamos la gran figura de un genio como Domingo Faustino Sarmiento, no podríamos cargar de contemporaneidad aquella idea "educar al soberano". Por qué no pensar en un soberano que además de haber alcanzado grandes conquistas como los derechos políticos, civiles y sociales, logre en las actuales circunstancias conquistar y materializar su derecho a vivir en un contexto patrimonialmente sustentable.
Son múltiples los interrogantes que se abren, pero entre tantos comparto lo siguiente con Ustedes Amigos Lectores "si no nos interesa el patrimonio herencia del pasado y no nos interesan nuestros adultos mayores, qué sentido le vamos a dar a nuestra comunidad en los próximos años. Idolatrar al presente no es acaso una existencia demasiado efímera.

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Prof. Alejandro Cortés

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