Miércoles, 11 Julio 2012 16:38

Aquel 9 de julio de 1816

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Siempre es complicado comenzar a linear las ideas. Esta vez la hoja estuvo en blanco unos días, guardada, como estacionada, a la espera de que el tipeo llenara lentamente ese inmenso espacio. En realidad creo que las palabras están solapadamente transfundidas en el blanco y que van surgiendo lentamente a medida que las abstracciones de quien escribe se van materializando.

Comenzar a escribir es llegar a una encrucijada. En realidad transcurría el domingo 1° de julio, aniversario del fallecimiento del Ex Presidente Juan Domingo Perón. Pero también es el Día del Historiador. Los dos recordatorios tienen su peso propio y están íntimamente ligados a la historia. Por otro lado estaba muy cerca de un nuevo aniversario de la Declaración de la Independencia. Y eso que no me adentré en la realidad como punto de partida. La inseguridad se cobró nuevas víctimas en la vecina localidad de Cañuelas, achicando la brecha entre la manifestada sensación según palabras del actual Senador Alberto Fernández y la realidad que poco a poco demuestra todo lo contrario. Cuando parecía que el eje conductor de la columna se definía, una conversación social, volvió a ponerme en la encrucijada. Escuchando algunos comentarios sobre el acto del Día de la Bandera, no podía creer que todavía se le de crédito a la setentista dicotomía público-privado. Los alumnos de las escuelas deberían ser considerados y valorados como alumnos y no por la gestión de las escuelas a las que concurren.
A punto de encender el televisor desistí porque seguramente la Cadena Nacional a la que estamos expuestos, me llevaría a una y otra encrucijada. Razón por la cual preferí quedarme con el recordatorio de nuestra independencia como hilo conductor del nuevo relato entre nosotros Amigos Lectores. Cuesta dimensionar, lo que hoy es la Argentina, allá por 1816. Habían transcurrido seis años del cabildo abierto de Buenos Aires. Ruptura que había generado la fisura por la que se filtrarían las ideas de libertad, igualdad, autonomía, soberanía popular. Buenos Aires era de los poblados más importantes y podríamos decir de avanzada. Pero a media que nos adentrábamos hacia la frontera, la inmensidad y el terreno inhóspito era moneda corriente.
"Océano de tierra salvaje" que insumía entre 20 y 30 días poder cruzarlo, no fue un obstáculo infranqueable, los galerones provenientes de distintos puntos del virreinato a velocidades diferentes y mientras que no se cruzara algún problema mayor, fueron confluyendo en la en la tranquila Tucumán. Que loco, alguien escribió "seguramente imaginarían un modesto progreso, con casa con jardín, bibliotecas de nogal, caminos seguros y orden legal". Vale el pensamiento para encender la chispa del debate. Qué sucedió aquel 9 de julio de 1816. Más allá de otros objetivos, todos tenían en claro que era fundamental para quienes dieran los siguientes pasos, declarar la independencia. Y a viva voz, en aquel histórico salón de la casa de los zabalía, los Congresales lanzaron su voluntad de ser, a un mundo que los desconocía. La convulsión interior no era menor que el panorama internacional, son los días del Congreso de Viena. Las grandes potencias del momento se repartían el mundo.
Aquel 9 de julio de 1816, es una verdadera divisoria de aguas. Una época bisagra en la que se debatían los cómo, convertirían en realidad tantos sueños.
Entre ellos y nosotros no solo hay 196 años de diferencia. Hay muchos puntos en común y sueños por cumplir. "Ahora el desierto primigenio ya no existe. Llegamos a Tucumán en dos horas y en cada posta hay seguramente una estación de servicio. El sueño de aquellos modestos gigantes se cumplió con creces"
Nosotros también cruzamos el desierto, oscuro período de nuestra historia, cargado de decadencia y violencia. El peor de los desiertos. Estos quijotescos criollos, casi de la nada se les ocurrió todo. A nosotros en cambio con casi todo, pareciera que nos se nos ocurre nada, para superar las viejas dicotomías, el atraso, la indigencia, la violencia política, la inseguridad.
Pero en cada alumno, en cada docente, en cada ciudadano, la fibra vive y aflora esa fuerza que es el sentimiento patrio que nos impulsa a seguir, convencidos de que siempre se puede estar mejor. Hemos logrado mucho, faltan muchas otras cosas también. Pero, porque no hacer como ellos y darnos el lujo de ser. "Un salto hacia la rebeldía, la grandeza". Porque no repensar el proyecto de país que queremos, pero no solo por nosotros, un proyecto de país a futuro, en el que estemos todos, absolutamente todos. Esa es una gran deuda que tenemos con aquellos soñadores de la libertad.
Encender el televisor pudo más y el aluvión de la realidad con todos sus matices me llevó a una nueva encrucijada, eso es el 9 de julio de 2012, el cruce de caminos. Por eso antes de decidir cuál tomamos, es conveniente como sociedad que repensemos lo qué logramos, cómo lo logramos, a qué costos y decidir, pero no, como nos tienen acostumbrados, a decisiones tomadas en una cajita de cristal polarizada, sino un fino y transparente cristal que nos permita comprender que no estamos solos en esta avanzada hacia el progreso, hacia la libertad, hacia la igualdad.

Leer 4478 veces Modificado por última vez en Viernes, 10 Agosto 2012 23:09
Prof. Alejandro Cortés

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