Lunes, 18 Noviembre 2013 10:12

Huellas con historias…

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Historias de esfuerzo. Historias de amor. Historias de enconados enfrentamientos. Historia...Nuestra historia... El botón del traje de un glorioso sargento, la delicada porcelana del juego de té para el encuentro de las distinguidas damas, el noble metal de la espada que permitió al fortinero defender sus sueños,

los basamentos de la fe y de la espiritualidad desafiantes de la hostilidad del desierto... la tierra... la inmensidad. Todo va recobrando vida, encontrando su razón de ser, señalando el camino...el camino por el que está transitando Usted.
Esta es la historia de un pueblo de frontera, nacido entre malones de aguerridos indios allá por 1779 en tiempos del Virrey Vértiz. San Miguel del Monte Gargano surge desafiante mirando hacia el tumultuoso e indómito desierto. Un poblado de pequeñas y humildes viviendas, pobladores laboriosos que a la sombra de frondosos talas y tentadores montes frutales, van conformado una pujante y progresista comunidad.
Los primeros años de la vida en la frontera transcurren con los sobresaltos lógicos de una comunidad expuesta a los peligros de los constantes malones y a las dificultades producto de las distancias y las malas comunicaciones con la principal aldea, la promisoria y atrayente Buenos Aires y su joya más preciada: el puerto
Las actividades propias de un puesto de defensa militar, la vida en familia, huertas y los comienzos de las actividades típicas del interior bonaerense, el trabajo de campo, marcan el paso de las horas, intercaladas con encuentros en las materas o las tertulias en las salas de estilo propiedad de las familias más distinguidas del lugar. Tranquilidad, trabajo, tensión constante y muchos sueños, son variables claves para comprender nuestra historia.
Sin embargo este ritmo de vida se verá alterado por algunos cambios al acercarnos a 1820, la figura de un prominente empresario saladeril, elige Monte, como centro de sus diversas actividades económicas y para pergeñar un influyente proyecto político. Es Don Juan Manuel de Rosas. A partir de este momento, Monte será "el centro de la escena nacional". Rosas es un referente importante de los sectores federales y representa no solo un proyecto económico, la estancia como unidad de producción. Representa un proyecto político que se enfrentará durante más de tres décadas al proyecto defendido por el unitarismo. Unitarios y Federales, la clásica confrontación de nuestra historia a lo largo de la primera mitad del siglo XIX, tiene como epicentro un rancho, característica vivienda de la pampa, la morada de Rosas en su Estancia Los cerrillos. Por ese lugar pasan y desarrollan intensas reuniones personajes influyentes de la época como Charles Darwin, Facundo Quiroga, Araoz de la Lamadrid; y desde allí se avanza hacia al sur en una campaña liderada por el propio Rosas en 1833, con el objetivo de celebrar la paz con los indios, fundar pueblos y difundir nuevos estilos de vida.
A la sombra de plátanos guardianes, acompañado del aroma de centenarios tilos y guiado por el rectangular trazado de nuestras calles, Usted recorre, como en un apasionante juego más de 225 años de historia.
Si detiene su marcha, reconocerá en cada rincón las huellas del tiempo...descubrirán detrás de centenarias fachadas y en la riqueza de la naturaleza, la impronta de todos aquellos que nos legaron esta rica historia.
El indio, su pasión y su garra. El gaucho y sus destrezas, las carreras de sortija, el caballo compañero de distancias en la solitaria pampa o compañero para conquistar a una china.
Siguiendo las huellas del tiempo se encontrará con la casona del hombre de confianza de Rosas en Monte, el Carancho Gonzáles, un hombre, un mito, arquetipo de la cultura de la frontera: rudeza y fortaleza.
El paso del tiempo se presenta ante la mirada expectante del visitante, como una vertiginosa sucesión de imágenes para detenerse en algunos momentos especiales como la imponente Iglesia Parroquial de 1869, testigo de la pujanza de fines del siglo XIX o el Palacio Municipal de la década del '30 referente de la riqueza agroexportadora de principios del siglo XX.
En ese recorrido uno puede detectar las huellas del aporte inmigratorio, irlandeses, italianos, españoles y muchas nacionalidades más.
Seguir las huellas del tiempo, es como dar vueltas las páginas de un libro de color sepia y encontrar en ellas, historias de vida, de progreso, del ferrocarril, del sur...Usted está ahí, cada paso está acompañado del eco profundo del grito del indio, la melancolía del gaucho, las esperanzas de los inmigrantes, de la pasión enfrentada de unitarios y federales, eco que desde las entrañas de la tierra guía el recorrido.
Así es este lugar. Así es Monte. Un lugar especial. Un típico pueblo de frontera.
Hasta acá el relato lo hicimos acompañados. Desde acá en adelante la historia la escribe Usted... la historia de un apasionado encuentro en la frontera.

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Prof. Alejandro Cortés

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